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En el Templo de Virendra

 Por Ernestina Salcedo Pisani

 

 Como los pintores bizantinos, que pasan primero por un estado ascético-místico, antes de dar formas idealizadas a lo desconocido y misterioso en sus hermosos iconos, en una situación parecida salvando las distancias- me encantaba yo ante el libro de Virendra Pal Singh, Poemas espirituales del Poeta Cero al iniciar su lectura.

 En el punto de partida el seudónimo del poeta me desconcertaba, porque no es normal en nuestra poesía encontrar una identificación semejante. Consideré en principio que, tratándose de la obra de un poeta oriental, seria un acto de suprema humildad el que el autor se llevara a tal grado de anonadamiento.

 Más esto me colocaba en una situación incomoda, porque si el autor se identificaba con la no existencia, a mí me correspondía situarme en un grado cero de la critica, pues ¿qué me autorizaba a expresar opiniones acerca de alguien que se eliminaba a sí mismo? Entendido así el sentido del nombre, estos poemas planteaban una dialéctica incomprensible. Y es que en realidad, la poesía mística, y vale decir, la vida toda del hombre pesante y espiritual es una dialéctica del misterio que sólo Dios puede comprender.

 Afortunadamente, la luz del Espíritu no se hace esperar, cuando se trata de ejercicios nobles y sinceros de la inteligencia humana. En mis estudios de teología  y de mística habíamos aprendido más o menos lo esencial de las grandes religiones no cristianas, en lo que respecta a las relaciones el hombre con Dios en el plano de la trascendencia. Muy diferentes a la nuestras por cierto, porque allí no se habla de una alteridad o relación interpersonal entre el alma y Dios, como sí existe, por ejemplo en grado máximo de confianza en la cristiana y la sufí.

 De repente, ayudada por la intuición y por un poema esclarecedor del libro, todo se me hizo deslumbradoramente claro. Lo que yo juzgaba como un acto de suprema humildad no lo era –cosa que no descarto porque conozco el talante de digna sencillez del poeta a pesar de su alta jerarquía intelectual- y porque además la dialéctica del espíritu es un péndulo que permanente gira del Todo a la nada, a pesar de la consciencia que tenemos de nuestra alta pequeñez. Se trataba, pues, sorpresivamente de un hecho de simple matemática celestial, pues también Dios tiene leyes matemáticas inalterables.

 En la concepción hinduista de la relación con Dios, ser Cero es también la posibilidad de ser infinito, sin dejar de ser Cero, porque Dios es UNO, y cuantos loran en esa teología ponerse a su derecha, constituirán por siempre con ese UNO, la Conciencia Divina, adonde todo Bien regresa y de donde emanan también infinitamente todo Bien; lo que le permite a ese UNO ser fuente de plenitud de Amor que explota en chispas de fuego que no abrasan, sino que dan origen a la vida sin agotarse, eternamente.

 Virendra nos presenta esta maravillosa dialéctica del origen de la conciencia humana de la que estamos hablando, en versos de extraordinaria motivación para profundizar en la meditación:

¨ … Yo soy un brillante rayo de luz que ilumina el mundo… Yo soy una pequeña ola en el océano fluyendo hacia el infinito… Yo soy una pequeña forma de la Conciencia Divina en el universo… Y en  infinito especio de la existencia, yo simplemente soy Cero…¨

 Resuelta la confusión inicial, y con el respeto que me inspiraban ahora tanto el título del libro como el pseudónimo del poeta, ingresé en la obra con ademán de quien descorre el velo de un templo desconocido, en donde se presiente hallaremos impensables sorpresas.

 Dada la estructura del contenido, el libro se presenta con dos significados muy bien definidos: un pórtico ilustrativo y un gran espacio abierto, en donde la intuición poética de Virendra, unida  a su concepción universal de la acción de Dios, como fuerza que se expande sin exclusiones, nos permite participar en la palabra del poeta en una energía cósmica que todo lo armoniza, lo equilibra, lo embellece y lo hace posible en la esperanza.

 Llama la atención dentro de esta concepción pedagógica de este sublime poeta, el texto que yo considero como un gran aporte espiritual da la postmodernidad, tan desviada a veces por la mal interpretada libertad de la secularización de l sagrado. Me refiero a la Introducción. Si no hubiera más elementos defensores del valor de la Espiritualidad en el mundo, en este libro, éste sería suficiente para convocarnos a la paz, dentro de una justa concepción de lo que significa paz como producto de la justicia frente al hombre u frente a la naturaleza en genera.

 En esta Introducción el poeta, en admirable síntesis de fe en el Creador, en la vida en la naturaleza toda y en el hombre, nos convoca sin distinciones ni marcas de fronteras a entrar en esa nueva Espiritualidad Universal que promueve la acción transformadora en beneficio de lo humano, y que es lamisca a la que nos ha llamado el Ecumenismo que surgió de la sabía e inspirada reflexión del Concilio Vaticano II.

 Convocatoria que ha sido lanzada del mil manera a los cuatro vientos del mundo por Juan Pablo II, el apóstol que agoniza evangelizando, se nos hermana en este punto con la aquella otra presencia blanca que tomaba fuerza en el ayuno para vencer con las armas de  ¨la no violencia¨ a los enemigos de su pueblo, Gandhi, el santo oriental que se ganó, como Juan Pablo II y Teresa de Calcuta la atención amorosa de toda la humanidad.

 Todas estas conciencias excepcionalmente dotadas de ejemplo mesiánico, las encontramos sintetizadas en la fuerza espiritual y sincera de estas palabras de Virendra, que constituyen como la inscripción dorada del Pórtico de su excepcional libro:

 ¨El bienestar de la humanidad en su totalidad deber ser el objetivo del esfuerzo de todos los seres humanos.¨

 Hemos hablado hasta ahora en términos que aún no han tocado la parte esencialmente poética del libro, porque indudablemente, si hemos aludido inicialmente alo conceptual, es porque hemos considerado que era necesario hacerlo para comprender mejor la naturaleza de una poesía que se inscribe en una mística que nos es desconocida.

 Afortunadamente, la poesía es palabra ante todo, y aunque en este caso no conocemos el hindi, lengua original en la que estos poemas fueron escritos, sí contamos con la suerte de manejar el contenido en la acertada traducción de la gentil venezolana esposa del poeta, Mora Abilahoud de Singh, mujer de altísima espiritualidad, capaz de interpretar con las palabras de nuestra lengua lo que es alma de otra, considerada como la más emblemática del la mística universal.

 Debemos empezar por hacer algunas consideraciones generales acerca de la mística. Consideramos como místico usualmente lo que es misterioso, porque ¨mística¨ procede de la palabra  griega ¨muein¨  que significa cerrado.

 Sin Embargo esta concepción se adecuaba más a la mística castellana clásica del S. XVI, en la que se daba , por razones que no nos es posible explicar en tan corto espcacio, una experiencia de Dios en tan excelsa condición que llevaba al alma del místico a una fusión aniquilante de la conciencia en el llamado éxtasis místico.

 La mística oriental se asemeja más a la que describe Leonardo Boff en el libro: Mística y Espiritualidad, cuando dice:

¨La mística no es el privilegio de algunos bienaventurados sino una dimensión de la vida humana, a la que todos tienen acceso cuando descienden a un nivel más profundo de sí mismos; cuando captan el otro lado de las cosas y cuando se sensibilizan ante el otro y ante la grandiosidad, complejidad y armonía del universo. Todos somos místicos hasta cierto nivel (porque) la experiencia del misterio no se da únicamente en el éxtasis, sino también cotidianamente en la experiencia del respeto ante la realidad y la vida.¨

¿Y adonde hemos visto reflejado este concepto de mística del amor cotidiano como estos versos de la poesía de Virendra, típicamente expresiva de esa sabiduría secular tan peculiar del mundo oriental?:

-¿Cuál debe ser la distancia entre los seres humanos?

-Yo te lo puedo decir si tú me muestras cuál es la diferencia entre ellos.

El destino de todos es uno y el sendero también es uno.

Entonces: ¿por qué  debemos mantenernos separados durante el viaje?

  En un poema titulado ¨Amando al Señor¨, encontramos la fascinación de ese misterio del desasimiento material, expresado en dos versos de extrema sencillez y profundidad a la vez, propio de la mística de la naturaleza circundante,, que no da trascendentes lecciones en la espiritualidad Hindú:

 ¨¿Cómo eliminar el ego en mí?¨

Yo lo supe cuando vi las luciérnagas.¨

 Sí, Virendra. Las luciérnagas, sin saber que iluminan, nos regalan su luz.

¿Y qué mejor lección puedes dejarnos a tus lectores que esta sublime enseñanza?

La misma que en tu universal concepción de la Espiritualidad nos recalcas cuando nos recuerdas la lección del Evangelio de San Juan, refiriéndote a Jesucristo:

 ¨Cuando sus ojos se cierren,

los ojos del mundo se abrirán¨

 Ernestina Salcedo Pisani

 Caracas, Navidad del 2004-2005

 

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